El verdadero tesoro de un hombre rico

-Y así, es cómo voy a empezar esta historia que con el paso de los años, esta siendo olvidada.
-No tengo intención de hacerte perder el tiempo, mi querido amigo... Ni mucho menos. Y no reparo en decir que tengo ya 81 años de edad, y que mi coco ya no va muy bien. Pues padezco una enfermedad que va haciendo que olvide incluso a todas las personas que mas he amado en mi vida.
-Tengo curiosidad en saber que pensarás de mi cuando haya terminado este pequeño relato que es mi vida, pero tengo aún mas curiosidad de saber que te hará sentir cada palabra que diga...

El señor de 81 años, llamado Eduard J Jhonson se acerca a su butaca de cuero negro con bordados dorados después de un saludo a la vez que formal muy amistoso y se sienta muy tranquila y serenamente, como si no tuviese ningún tipo de prisa.
Su querido amigo es un hombre robusto de unos 30 y tantos años, escritor, analista e investigador, muy comprometido en su trabajo con mas de 20 obras vendidas por todo el mundo, y dos premios nobeles a la literatura. Este echa un vistazo con mucha discreción al salón donde se encuentra reunido con el señor Eduard J, y comprueba que no es un salón común, esos cuadros de artistas muy famosos de época, o sus propios retratos con su esposa, y esos toques de nobleza en la arquitectura de su casa y sus mas sillas y sillones, que podrían darle el renombre de realeza... ya al llegar quedó sorprendido al darse cuenta de que había sido llamado e invitado a una de las mansiones del propietario mas rico y honrado de toda la región. Pero quedo fascinado con esos asombrosos detalles que solo había imaginado en sus libros y cuentos de hadas. Pues la popularidad de Eduard J irradia en su sencillez, humildad y generosidad, sin contar con la excelente educación y su siempre delicadeza y dulzura varonil al tratar con las personas.
Después de un rato observando, el señor Eduard J prosigue a hablar.
-Espero que su viaje hasta aquí haya sido lo mas grato posible, a pesar de las turbulencias que me han dicho ha tenido durante el vuelo. Se que esta es la peor época del año en la que podía haberle llamado Carl Mathews, pero créame cuando le digo, que de no haber sido muy urgente no le habría echo venir hasta aquí con este clima. Una vez mas, gracias por atender mi llamado y petición.
El escritor agitando suavemente la cabeza le responde con sinceridad.
-Es un completo honor que me haya llamado e invitado a su casa señor Eduard J, y descuide,he venido con mucho gusto, preocupación e intriga por saber que puede haber sucedido para mandarme llamar con tanta urgencia... Nada grave espero.
Eduard J se sonríe y mirando fijamente los ojos del escritor, ve preocupación, seguridad y firmeza. Y esto es lo que le gusta de Carl. Acto seguido piensa... (-Si, el escribirá una muy buena historia... de mi vida...) y manteniendo la sonrisa, cierra los ojos y agacha la cabeza durante segundos.
-Veras, ya no soy un jovencito, como puedes ver mis días de juventud y jubilo están llegando a su fin.
Carl solo lo mira y escucha.
-He hecho muchas cosas, he gozado de una bella y dulce esposa, he vivido y visto todo tipo de cosas a lo largo de mi vida. He estado en lugares, que muchos querrían visitar. Pero...
El único problema es que no tengo hijos, y a consecuencia de ello no tengo nietos, lo que significa que.... Si pierdo del todo mi memoria o muero, no habrá nadie que cuente la historia de mi vida, con lo cual todo recuerdo o hecho de mi familia se ira conmigo. La urgencia es que empiezo a olvidarme de muchas cosas y no quiero que todo mi linaje hasta ahora caiga en el olvido. ¿Me comprendes amigo mio...?
Carl lo escucha, y lo mira sin poder creerse lo que le esta pidiendo, rompe su silencio y con el corazón a punto de salirle por la boca contesta.
-Le entiendo señor Eduard J, y me siento muy alagado por haberme escogido a mi entre miles de grandes escritores del mundo para escribir su increíble relato verídico.
Con mucha humildad le agradezco que me confíe este grandísimo honor y le doy las gracias por depositar tal confianza en mi.
Ahora el escritor algo mas angustiado por la noticia de la enfermedad de Eduard J o su posible pronto fallecimiento, continua diciendo con una voz mas apenada.
-Con mucho cariño, le aseguro que cogeré este pedazo de su corazón que esta poniendo en mis manos, y con la información que me dé, escribiré la mejor historia jamas contada de su vida.

Eduard J vuelve a sonreír, y Carl saca de su maletín el portátil para empezar a tomar anotaciones de lo que le va diciendo el señor Eduard J. Una vez y ve que el escritor esta preparado, empieza a hablar.

-Mi vida empezó en el año 1936 en Londres. El 29 de Febrero de 1936 para ser exactos, día de mi nacimiento. Una noche de frio invierno, mi madre dio a luz a un niño... que estaba a punto de morir.
Pues nací con menos tiempo del debido, mi prematuro nacimiento, casi se convierte en mi prematura muerte.
Mi abuela me contó, que mi madre me dio el beso de la vida... pues su ultimo beso fue para deseo de que yo viviera ... pero al parecer ese deseo... tenia un precio. (Eduard J inclina la cabeza al contar esta parte de la historia y con un suspiro continua diciendo...) Murió 20minutos después de salvarme a mi... después de su tierno y dulce beso, esos que solo una madre es capaz de dar, empece a respirar y a llorar.
Pero su perdida dejo un corazón roto que no sano jamas, muchas heridas sin cerrar y un beso que no consigo recordar.

Después de decir eso se mantuvo callado un buen tiempo y el escritor Carl Mathews se dispone a romper un silencio incomodo.

-Dígame señor Eduard J, ¿es usted hijo único?
-Si. Afirma Eduard muy serio.
-Ya que yo fui el primer hijo de los Jhonson... y mi madre murió tras darme a luz.
Y este prosigue.
-Desde entonces su marido... mi padre, cambió completamente, su vida, sus gustos, sus pasiones, todo.
El era un hombre alegre y feliz, un hombre honorable y ambicioso a veces, con muchas expectativas de futuro. Pero su futuro se vio afectado por una gran tragedia, la peor de su vida, perder lo que mas había amado. A medida que fuí creciendo, mi padre era cada vez mas duro conmigo, nunca me hablaba directamente y si lo hacia, era como si me clavara cada palabra que salia de sus labios. Entonces no lo entendía, y lo dejaba pasar, daba por sentado que el era así, que no quería hacerme daño intencionadamente y fuí creciendo con la esperanza de que algún día me tratara como su hijo que era... (Cabizbajo el señor Eduard J prosigue...) Ese momento jamas llego y a medida que iba creciendo se volvía mas agresivo conmigo mas cruel y despiadado. Como cualquier chico adolescente me metía en líos, o la liaba en ocasiones, cosas muy sanas que le ocurrían a cualquiera con esa edad, pero cualquier cosa era motivo de escusa para liberar la bestia que se había apoderado de él con el paso de los años, pues cuando me castigaba no era para mi como para cualquier chico normal. Lo hacia tan severamente, que aun recuerdo como mi espalda se encogía con cada golpe de cinturón... y como notaba que un hilo de sangre corría por mi piel y a veces incluso llegaba al suelo. Pero lo que mas me dolió no fueron los golpes de su cinturón, fueron sus palabras... aun las escucho, oigo su voz repitiéndome una y otra vez... (-¡Llevo esperando 14 años para darte lo que mereces asesino!! ¡Voy a desahogarme contigo como llevo queriendo hacerlo desde que naciste y mataste a mi amada esposa, tu acabaste con su vida!!!! ¡¡¡Maldito seas!!!!)... Sus gritos, que me culpaban de la muerte de mi madre, me desgarraban mas que las constantes palizas que recibía de él. Cuando acababa, lloraba... el lloraba y lloraba y no podía dejar de llorar.
Un día, tras recibir un castigo bastante doloroso física y moralmente, me recosté en mi cama boca abajo. Mi abuela Lady Georgia me vio en ese instante y desesperadamente entro al cuarto, al verme exhausto, llamo a la doncella que rápidamente acudió con un cubo de agua caliente y unos remedios de aquella época. La abuela Lady Georgia con mucha delicadeza tomo el paño lo enchumbo en el agua caliente y empezó a dar toques suaves en las profundas heridas que tenia en la espalda. Después de ponerme los paños calientes y el remedio, me pregunto que me había pasado. No conteste.... no solo no quería responder a aquella pregunta, no podía, estaba demasiado cansado y dolorido. Solo quería dormir... dormir y olvidar... olvidar que mi padre me odiaba mas que a su peor enemigo, olvidar que yo había sido la causa de la muerte de mi madre y olvidar que aquella bestia en la que se había convertido mi padre... deseaba con toda su alma que yo no estuviese vivo.
Yo... obviamente debía disimular mi dolor ante los ojos de los demás miembros de la familia, amigos e incluso de todos los empleados de la casa. Aunque se que muchos de ellos sabían lo que ocurría, pero no se atrevían a inmiscuirse por miedo a las consecuencias que ello podría acarrearles, por eso mi abuela no conocía el sufrimiento que estaba padeciendo. Cuando mi padre no estaba de por medio o salia de viaje de negocios durante meses, yo era un chico normal, alegre y culto me gustaba estudiar y aprender cosas nuevas. Y como a cualquier otro chico me gustaba el deporte montar a caballo, esgrima y claro alguna pelea entre muchachos típica de demostración de hombría.
El señor Eduard sonríe al recordar esto ultimo.

Carl se siente afectado por lo que esta oyendo. Ahora esta siendo conocedor de como había sido la niñez del hombre rico, el señor Eduard, aquel hombre alegre, educado, gentil y dulce.
-Señor Eduard J ¿cuantas veces fue maltratado por su padre física y psicológicamente?
Eduard lo mira fijamente a los ojos y contesta casi sin sentir lo que dice.
-Todos los días salvo cuando viajaba, hasta los 17 años... Para entonces yo estudiaba mucho y entrenaba para cuando me llamaran para la mili. Conseguí entrar con 17 años cuando mi padre vio que cogía mis cosas para irme fue a por mi, yo ya lo estaba esperando para enfrentarlo. Cuando llego el momento me vi frente a el y le dije con voz alta y segura... (-Tóqueme. ¡Vamos, pégueme si se atreve! ¡Usted es un cobarde y un monstruo!) Se freno en seco y me miro a los ojos, por primera vez no había miedo en ellos y se dio cuenta. Ya no era un niño... era un hombre fuerte y seguro de mi mismo. (-Le diré unicamente dos cosas, primero yo no mate a mi madre. Y segundo... si vuelve a tocarme le juro que sera lo ultimo que haga.) Y diciendo esto me fui de allí sin mirar atrás, me despedí de mi abuela y entre en la mili.

-¿Cree usted que de haber seguido en casa, habría seguido sufriendo los constantes abusos de su padre?.
-No.
Eduard contesto muy firme y seguro, pero sobre todo muy serio.
-No, por que mi padre se dio cuenta de que ya no podría volver a golpear a un niño, si lo hacia sería a un hombre y sabia muy bien que este hombre en el que me había convertido se lo devolvería y le haría frente.
-Bueno... ( continua diciendo Carl, mientras sigue tomando nota)... y una vez en el cuartel ¿que ocurrió?.
-Partí de casa y me aliste en el ejercito, una vez allí empezó a ser todo más duro, pero nada comparado a lo que me había ocurrido con mi padre, esto podía aguantarlo, supongo que el echo de ser golpeado y humillado por mi padre me hizo fuerte. O al menos eso pensaba... hasta que la URSS, quien había sido aliada de los países que derrotaron a Alemania y a las demás naciones del eje se volvió el enemigo de occidente. Y este echo se conoció como la guerra fría. Sin contar con la guerra civil en china poco después del conflicto mundial, y con ello la continua lucha entre los dos nuevos ejes que se volvió notablemente mas tensa con la guerra de corea y la división del país. Yo estaba centrado en ejercitarme bien y en salir vivo de allí. En medio de las batallas... llegue a ver cosas horribles que jamas pensé que vería. Mis compañeros eran lesionados, heridos y en el peor de los casos por desgracia...morían. La sangre se convirtió en nuestro suelo, nuestra música era el sonido de los disparos y las bombas, nuestros huesos se rompían saliendo al rasgar la carne o se dislocaban a causa de las bombas y minas. Una especie de pitido nos ensordecía, el aire olía a pólvora, fuego y humo. Todo conseguía soportarlo, hasta que fui capturado junto con un compañero y empezaron a torturarnos para sacarnos información. Empezaron a darnos azotes.... y...
Eduard cierra con fuerza los ojos y con dificultad empieza a hablar, con palabras sueltas como si estuviese viendo una película a cámara muy rápida y no consiguiese explicar nada de lo que esta viendo, Carl preocupado por el, se levanta dejando el portátil en la mesa de caoba que tiene delante, se le acerca y poniendo una mano sobre el hombro del señor Eduard dice tratando de calmarlo.

-Señor Eduard ya es suficiente recordar por hoy, debería descansar. Me instalare en el hotel de al lado, y vendré mañana si desea seguir con esto. ¿Le parece bien?
Y con una leve sonrisa en el rostro de Eduard y en la del escritor, llegan al acuerdo de volver al día siguiente a continuar con la historia que, con cada palabra, parece revivir.

Una vez en su habitación de hotel, Carl empieza a revisar los datos que tiene y se empieza a sentir como si estuviera mirando por una ventanilla, la vida jamas conocida (hasta ahora) del señor Eduard J. Resulta increíble saber todo lo que a pasado este hombre, teniendo en cuenta quien es y como es en su día a día. Nadie diría que esta haya sido realmente la vida de alguien perteneciente a la alta sociedad y mucho menos a un individuo categorizado como un noble. Cuando termina de revisar y analizar sus apuntes, y de organizar todos los documentos, muy pensativo y dándole vueltas a la cabeza sobre el asunto se acaba durmiendo deseando saber mas sobre la historia de un Eduard J Jhonson del que nunca se ha hablado.

A la mañana siguiente, el escritor se levanta temprano se asea y va a la casa del señor Eduard. Acompañado de su portátil y con los oídos y los ojos bien abiertos para no dejar escapar ni un solo detalle.

-Buenos días, si que es madrugador, no esperaba verle tan temprano Carl. Saluda Eduard. ¿Quiere café? O ¿tal vez un té?. Dice sonriente el señor Eduard.
-Si por favor, muchas gracias señor Eduard.
-Llevo toda la noche dándole vueltas a la cabeza, y es usted un verdadero ejemplo a seguir, debo decir, si me permite el atrevimiento, que es un hombre verdaderamente admirable señor Eduard.
-No es para tanto mi querido amigo... pero gracias por mostrar verdadero entusiasmo con lo que se le esta siendo revelado. Yo no sabría darle ese toque de magia a esta historia como sé que se lo dará usted, es por eso que le escogí entre tantos escritores, por que tal y como escribe sus libros parece que cobraran vida, eso es lo que quiero que haga con la historia que le estoy contando. Y se que así lo hará. Dice mientras va sirviendo el café, al mismo tiempo que se refleja un gran cansancio en su rostro, y se anuda la bata que lleva puesta.
-En fin continuemos.
El escritor asiente con la cabeza, saca su instrumento de trabajo y continua tomando apuntes de todo lo que le dice el señor Eduard.
Tras un momento largo de silencio Eduard concluye a decir...
-¿Por donde íbamos?... Ah, si, me habían capturado junto a un compañero.
-Empezaron a torturarnos para sacarnos información sobre la base y donde estaba el refugio para poder aniquilar a todos mientras descansaban. Pero no señor, ninguno de los dos dijo nada... aunque reconozco que estuve a punto un par de veces, pero me mantuve. Las cosas que nos hicieron eran salvajes. Nos ataron de pies y manos y empezaron a darnos latigazos, se lo que puede pensar, que a eso yo ya estaba acostumbrado...¿no es así? Y tiene razón, el enemigo al ver mi espalda se dio cuenta enseguida de que con eso no diría una sola palabra. Así que, buscaron otros métodos de tortura un tanto más eficaces, poniéndome boca a bajo y metiéndome la cabeza en un cubo de agua casi ahogándome... me pusieron unos cables por el cuerpo para darme corriente, me dislocaron los hombros, me hicieron quemaduras por el cuerpo... en fin puede imaginárselo un poco, a mi compañero le hicieron mas o menos lo mismo, y en una de estas cayó desmayado entonces fue cuando usaron estos métodos conmigo. Estaban a punto de atarme una soga y empezar a estrangularme lentamente, cuando fueron detenidos por mi compañía. Al llegar nos desataron y nos llevaron a la enfermería de la base. Poco después termino la guerra y en unos dos meses volveríamos a casa, aunque eso no era algo agradable para mi, o algo que deseara como el resto de mis compañeros.
-Al llegar a casa la primera en recibirme fue mi abuela Georgia, que con un gran abrazo dio gracias a Dios de que estuviera vivo. Luego mis amigos me dieron palmas en la espalda lo cual no agradecí ya que la tenia bastante dolida aún, pero por otro lado fue muy agradable verles y ver el aprecio que de verdad me tenían. Ese mismo día fuimos a la cafetería bar de Angelo Hopskin, bebí un poco y me reí muchísimo con ellos. Pero aún me quedaba alguien por ver... cuando llegue a casa estaba algo bebido pero muy cuerdo... y aunque no lo creas mi padre no había cambiado mucho. Ya era bastante inquietante cuando de pequeño me miraba como a un misero insecto al que podía aplastar cuando quisiera, pero era peor cuando con solo ver su mirada no era difícil adivinar que deseaba que hubiese muerto en la guerra.
-¿Aun vives? Veo que la guerra no ha hecho bien su trabajo. Dijo muy sarcásticamente al entrar por la puerta y verme allí.
-Ya ves... no todos somos tan débiles como tú, seguro que habrías querido que me pareciera mas a ti. Un asqueado de la vida, un cobarde y un embustero que no merece la vida que se le ha dado, y que no sabe valorar el tiempo que tiene.
-Le hable muy serio... y dije cosas de las que hoy me arrepiento, a pesar de que lo mereciera. Pero no creo que cambiara ni una de ellas en aquel momento tal y como me sentía con respecto a él.
-Supongo que eso no tiene importancia. Después de aquel día no volví a hablarle así, simplemente lo ignoraba por completo, pues para mi, mi padre había muerto desde el día que me dio su primera paliza. Y por supuesto no quería ser igual que el.
-Pasado un tiempo, me veía con él al pasar por algún pasillo o para almorzar, nos saludábamos y cada cual seguía su camino. Al no tener nada de que hablar no reparábamos el uno en el otro, pero sin darme cuenta él estaba cambiando. Poco a poco volvió a ser un ser humano con corazón y la bestia iba desapareciendo cada día mas.
-Entonces... ¿su padre cambió? ¿En algún momento de la etapa de su vida su padre llego a quererle?... eso es fascinante y al mismo tiempo una faena. ¿como logro usted perdonar a su padre?.
-He dicho que cambió, no que yo lo hubiese perdonado, el mal ya estaba echo y su tiempo de ser un buen padre ya había pasado, y yo para entonces era aún muy joven y orgulloso. No... en ese momento no le perdone y creí que nunca lo haría. Poco después empezamos a hablarnos... bueno, él empezó a hablarme de un modo muy diferente, me dijo... (Tienes que buscarte una buena chica no puedes estar solo todo el día leyendo esos estúpidos libros, eso no te llevara a nada. Tener familia es lo que te hará ser alguien y tener algo por lo que luchar.)
-¿Cómo tú?.. conteste sin siquiera apartar la vista del libro. Él se fue de allí sin decir nada más... ese día.
Eduard agacha la cabeza y se sonríe.
-Quién iba a imaginarse lo que estaba por acontecer... murmuro en un tono muy bajo.
-¿A... a que se refiere Eduard?.
Levanto la vista pero ya no sonreía.
-Mi padre empezó a tratar conmigo y me pidió perdón... de rodillas, llorando y suplicándome que le perdonara todo aquello... Y yo no soy ningún monstruo. Le perdone... al muy condenado le perdone...
Eduard empieza llorar tras recordar todo aquello, y el escritor muy acongojado cree que es mejor dejarlo para otro momento.
-Señor Eduard no tiene por que...
-No te preocupes por mi, hijo, yo estoy bien. Eres una gran persona y te agradezco todo lo que estas haciendo. Y sobre todo que te preocupes por mi al verme recaer. Me recuerdas a mi hija Serena, (Eduard la nombre con mucha dulzura y nostalgia) que hermosa criatura, bondadosa, inteligente... un ser celestial, con un rostro angelical y tierno... como el de su madre...
-Serena... (Carl repite el nombre angustiado... y agacha la cabeza, esta reacción causa un poco de intriga en Eduard pero tan pronto como le vino se marcho y no hizo preguntas al respecto.)
-Empezamos a tratarnos, mi padre y yo. Todo iba bien, íbamos a la plaza del pueblo, paseábamos y charlábamos por los jardines del que en ese entonces, y solo entonces empece a llamar mi hogar. Poco después enfermo, todo el mundo quedo desolado con tal noticia, pues no iba a recuperarse, le quedaban días. Cuando lo supe, estaba fuera de la ciudad haciendo negocios de parte de mi padre, ya que algún día seria el responsable de llevar a cabo todas las tareas encomendadas con eficacia. Sobre todo darme a conocer en la alta sociedad, mi cargo, mi educación, mi forma de presentarme en los eventos y reuniones, o actos benéficos o de intereses personales, era algo muy importante para el rango que tenia... la alta sociedad tiene sus encantos, pero también puede volverte un poco loco de la cabeza, si no sabes llevarlo todo con calma y paciencia. Y sobre todo seguir siendo tu mismo, eso es lo realmente difícil e importante.
El caso es que llegue a tiempo de verle con vida, para mi desgracia.
-Hijo mio mi hora a llegado me queda poco tiempo. (dijo con voz apagada y temblorosa), ven, acércate he de hablar contigo antes de partir.
Me acerque a el, cuanto mas cerca, mas me lo pedía hasta que mi oído llego a su boca, entonces me agarro del hombro con fuerza y... sentí algo duro y frio entrando en mi abdomen, lo mire a los ojos, estaban llenos de ira, de odio hacia mi, ahí me di cuenta de todo, no había cambiado, estaba fingiendo para recuperar mi confianza y sin esperarlo matarme en el momento oportuno con sus propias manos y a traición.
-¡Por fin he acabado contigo bastardo, te llevare conmigo al infierno y allí seguiré torturándote por toda la eternidad maldito!
Siguió penetrando el cuchillo, sentía cada milímetro, lento y doloroso, luego calor y frio, la sangre brotaba con mucha fuerza, empece a oler a hierro y había mucha sangre en la cama y el suelo, retorció la daga dentro de mi y note como el filo y la punta de este, me iban desgarrando por dentro... llego un momento en el que ya no sentía nada ni oía, no olía nada, solo empece a notar como la vida me iba abandonando poco a poco... vi sus labios pronunciar... - nos veremos pronto- con unos ojos llenos de locura asesina y una sonrisa malvada, y luego... oscuridad.

Abrí los ojos, pero seguía sin ver nada, empece a parpadear y poco a poco fui cobrando la visión y empece a escuchar algo, un murmullo que luego empece a escuchar claramente. Era mi abuela, Lady Georgia, que se encontraba a mi lado sujetando mi mano y pronunciando mi nombre... -Eduard... Eduard... ¿como te encuentras mi querido hijo...? dijo con su dulce voz inconfundible.
Pero no podía hablar, intentaba decirle algo pero las palabras no salían hasta pasados unos 20 minutos y empece a balbucear.
    -¡FUE... EL... ABUELITA GEORGIA... EL... QUERIA MATARME!. Dije muy nervioso al recordar lo ocurrido. Mi abuela se echó manos a la boca estaba siendo un duro golpe.
    -Lo se hijo mio pero el muy canalla, se suicidó cuando te creyó muerto. Dios me perdone por decir esto, pero me alegro de que haya sido así. Si no... posiblemente no hubieras...(dijo sollozando.)
    Y secando unas lagrimas que empezaban a asomar en sus ojos, no pudo hablar mas.
Me sentía fatal me dolía muchísimo, pero al ver a mi abuela así, aguante el dolor lo mejor que pude y poco a poco me fui recuperando. Pasadas unas semanas me sentía mejor y pude regresar a casa.
Al llegar a casa, me recibieron todos con mucho animo y felicidad por mi pronta recuperación y vuelta a casa. Salude a todos, a cada uno de ellos con una gran sonrisa y dándoles las gracias por la bienvenida que estaban dándome. Alce la mirada y la vi... por primera vez... era lo mas hermoso que jamas habian visto mis ojos... aquellos profundos ojos azules, su tierna sonrisa y su blanca piel. Lucía un precioso vestido azul marino que iba acompañado por un lazo de volantes en la zona del cuello, pero ese vestido no le hacia sombra, ella brillaba por si sola. Ni el mejor y mas bonito de los vestidos, eran lo suficiente para hacerle sombra a ella.
-Supongo que se acerco y se intereso por ella ¿no? Señor Eduard.
Dijo Carl sonriente.
-Siento decepcionarte pero no. No tuve valor de acercarme a ella así sin mas, sus encantos me dejaron completamente desarmado y aunque pensé en acercarme no pude, no... sabia que decirle. Así que lo deje para una ocasión que lo requiriera mas. Buscaría la oportunidad de eso estaba seguro. Desde que la vi supe que no debía dejarla escapar, seria idiota si lo hiciese.
-Abuela Georgia ¿quien es esa muchachíta de allí?.
Con una grande y picara sonrisa contesta muy suavemente.
-Es mi alumna especial, Amatiel Dethurbel, esta aprendiendo a ser una autentica dama, ya que es la hija del Conde Dethurbel... hace una breve pausa dándose cuenta de que no puedo dejar de observarla.-Y por lo que veo te interesa ¿cierto?. Dice esbozando una sonrisa cómplice hacia mi.
Yo la ignoro después de decirme su hermoso nombre... Amatiel Dethurbel. Al pronunciarlo suena como una suave y delicada música en mis oídos, como si su nombre se hubiese convertido en hermosas notas musicales, que suenan al tocar un piano con gracia, suavidad y ternura. Compuse en mi mente la melodía que oía y sentía al verla, al escuchar su encantadora voz... Oooh!!! era lo mas tierno y sincero que mi mente había compuesto jamás. Al tocarla con el piano sonaba exacto a como me imaginaba. Ella bailaba por mi mente dejando huellas con sus pequeños pies en el gran salón que había creado para ella en mi mundo, donde solamente estábamos ella y yo...
Eduard se levanta de su sillon de cuero y se dirige al piano, toma asiento y dice esto mientras toca la música en su piano de cola negro brillante.
Eran las melodías mas hermosas que había escuchado nuestro escritor, que perplejo frente a la figura de aquel hombre mayor sentado con sus dedos en las teclas, escuchaba poniendo atención a todos los detalles. Cambios de tonos desde los mas dulces a los mas desoladores, era como si dependiendo de lo que recordara, lo reflejara en su música.
Eduard se percata de que el escritor lo esta observando atentamente y continua diciendo...
-Lo siento en ocasiones cuando hablo de ella o la recuerdo es como si viviera de nuevo todo aquello y me quedo en blanco, en esos momentos solo esta ella. Aunque ya no esta... aun la amo ¿sabe?. Jamas tuve otra relación con nadie después de ella. Fue la única... en todos los aspectos hizo y logro hacer de mi, un hombre muy, muy feliz. Y a pesar de su cruel y pronta muerte, jamas deje de amarla, tenia que criar a nuestra hija y debía ser fuerte y estar por y para ella. Mi querida hijita Serena. Dios arrebato a mi mujer de mi lado y luego a mi querida Serena siendo ella aun muy joven. Pero jamas hubo alguien que me diera tanto amor como me lo dieron ellas, y en tan poco tiempo. Soy rico Carl, no en dinero... lo fui en el amor tanto por mi mujer como por mi hija y mi abuela Georgia y no quería nada mas que eso. Eran mis mas preciados tesoro. Pero incluso la riqueza de mi amor por ellas, me fue arrebatada... Se que no soy el único hombre que sufre este tipo de cosas. Pero ser tan afortunado en lo material no era lo que me había propuesto. Ellas eran mi vida, mi familia, lo único que tenia de verdad valor para mi. Supongo que nací para sufrir todo lo insoportable de esta vida. No me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida, la viví lo mejor que pude, e intentando ayudar a mucha gente para que padecieran lo menos posible y vieran lo maravilloso de este nuestro mundo con los ojos de mi mujer y mi hija. Eran tan iguales las dos, veían el mundo de una manera tan distinta a como la ve el resto. Hasta el final sonrieron a la vida y se convirtieron en parte de esta.
Carl seca las lagrimas que amenazan con salir de sus ojos.
-Serena... (murmura Carl mientras seca sus lagrimas que caen inevitablemente por sus mejillas.
-Le resultara raro señor Eduard pero querría preguntarle algo... ¿su hija Serena le dijo alguna vez si salia con alguien?¿O si estaba enamorada de alguien?
Eduard miro a Carl impresionado no solo por verle llorar, si no, también, por la pregunta que le estaba haciendo.
-...Si... meses antes de morir me dijo que había encontrado el amor... un amor como el que yo había encontrado con su madre... habíamos quedado en que vendrían desde donde estaban viviendo para presentármelo y darle mi bendición. Pero en el trayecto hasta aquí...
Carl comienza a hablar...
-Sufrieron un terrible accidente de avión en el que murieron 50 personas... ella incluida... (dice con voz entrecortada el escritor.) -Así que usted es el padre de la que fue mi prometida.... OH Dios... (Tanto Carl como Eduard lloran) Eduard se acerca a Carl lo levanta del asiento y lo abraza fuertemente. Lloran... lloran y lloran muchísimo juntos.
-Este mundo es mágico ¿no lo ve Carl?.¿Cuantas posibilidades habían de que le escogiera a usted de entre tantos escritores? Mi hija tenia razón, si que encontró el verdadero amor y el que yo le haya echo venir, a sido por el destino y por que veo en usted lo mismo que vio mi hija... una buena persona, capaz de dar lo mejor de si mismo, a pesar de los fuertes golpes que la vida pueda darle. Y un luchador de la vida, que haría o hubiera echo cualquier cosa por su tesoro mas preciado... SU FAMILIA.
-Gracias por haber echo a mi hija tan feliz en su breve tiempo en este mundo. Sera un verdadero placer tenerte como yerno.
-Lo siento... (dice Carl ) ¡¡¡¡¡Ojala hubiera sido yo y no ella!!!! Oh Dios mio. Serena... mi amor.(ambos lloran)
-No Carl no digas eso, agradezco a Dios por haberme dejado conocer al hombre que amo y cuido de mi hija. Eres un regalo del cielo... la mitad de ella. Y estoy agradecido a Dios. Por que no me va a dejar morir solo en esta vida. Me ha dejado un poco de un tesoro que creía totalmente perdido. Y eso me a echo muy feliz mi querido amigo Carl. Ojala te hubiera conocido antes, o en otras circunstancias y no para escribir la vida de un viejo... al que le queda muy poco para reunirse con lo mas preciado que ha tenido en este mundo.
-Como le dije el primer día que llegue aquí Eduard, es un verdadero placer. (dice con una sonrisa entre alegre y triste) Jamas cambiaría por nada estos días que hemos pasado juntos, compartiendo tantas cosas. Y sobre todo por conocer un poco de la vida y el pasado de la que considero mi familia ahora.
-¿Sabe Carl? Ayudeme a recostarme un poco por favor...
Carl le ayuda preocupado.
-Me acerque a Amatiel con la música que compuse para ella. Se la dedique en la fiesta de su cumpleaños y por la noche a las doce en punto justo a la hora en que había nacido me declare a ella en un precioso balcon con la luz de la luna como testigo. Y ella me dijo algo que nunca olvidaré.
-¡¡¡¡¡EDUARD!!!!!!!! ME ESTAS RUBORIZANDO ¡¡¡¡¡¡¡Y TAMBIEN TE ESTAS PONIENDO TODO ROJO!!!!!! ¿CUANTO MAS PENSABAS TARDAR EN DECIRME TODO ESTO? (Me miro a los ojos, la mire... sonreía, era feliz, tan feliz como lo era yo y fue entonces... que mirándola para memorizar bien cada gesto, cada rose, entrelazamos nuestros dedos. Y me atreví a hacer y decir lo que mas deseaba en todo el mundo en ese momento.
-Te amo Amatiel
-¿Puedo besarte?
-Te amo Eduard
-Si, bésame amor mio
-Y después de ese vinieron muchos mas y muchos momentos buenos y malos, pero no cambiaría ni uno de ellos, por que siempre estuvimos el uno para el otro.
Ahora, escribe tu propia historia Carl, yo ya no tengo nada mas que añadir, hasta aquí... es el relato de mi historia... de mi vida. Por supuesto hay mucho mas... incluso cosas que sucedieron y no volvemos a recordar en toda nuestra vida, esas cosas las recordare cuando llegue a donde me voy... y las contare allí y se convertirán en sueños graciosos para alegrar la vida de otras personas, o en sueños de esperanzas. Gracias mi querido amigo Carl... mi hijo...
Y DICIENDO ESTO, EDUARD SE DESPIDIO DE LA VIDA, FELIZ Y SONRIENDO. AL VER A SU AMADA ESPOSA, QUE LO ESTABA ESPERANDO, Y VIENDO A SU HIJA QUE ESTABA COMO ANGEL GUARDIAN DE EL QUE HUBIERA SIDO SU FUTURO MARIDO.
Carl, vio la sonrisa en el rostro de Eduard, y con mucha delicadeza cerro sus ojos. Se le escaparon unas lagrimas y sonriendo dijo:
-Te volveré a ver algún día, mi querido amigo, hasta entonces, viviré la vida tal y como me la has enseñado, ayudare como pueda a los mas necesitados. Iré por el camino recto y moriré también con una sonrisa sin arrepentimientos. (Cierro los ojos por un instante y siento la presencia de Serena … Te amo Serena.... mi amor, te veré pronto amor mio... espérame por favor) cogió sus cosas y como había venido... se marcho.
-Tengo muchas historias para contar... pero son en unos libros, muy diferentes a este... Nos volveremos a ver querido lector, quizás en otros cuentos de hadas. Hasta entonces con mucho cariño.


CARL MATHEWS.

¿CONTINUARA...?


FIN

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